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Del Libro "Mis Maestros"
Autor: Ángel Martín Velayos C… R… C…
Serenísimo Imperator de la Orden Rosacruz

EL SANTO GRIAL

Si hay un arquetipo verdaderamente inspirador, hasta el punto que podemos decir que está a flor de piel en todos los seres humanos, no importa cuál sea su educación, rango social, país o cualquier otra condición, es el del caballero, o la dama, en la búsqueda y defensa de la perfección.

Nunca he conocido a nadie, fuese cual fuese su nivel de conciencia que, de niño y, ¿por qué no?, de mayor, no haya soñado alguna vez con ser un caballero, al estilo de los de la Tabla Redonda; que no se haya visto en sus sueños o fantasías en lucha viril contra el enemigo secular, "el malo", por la conquista de un estado superior e ideal, aunque esa lucha o ese ideal lo haya revestido con un ropaje antiguo o moderno y de acuerdo con la época actual porque, ¿acaso hay alguna diferencia esencial entre imaginar que se es un caballero, armado con brillante armadura, a lomos de un poderoso corcel, y que se está en lucha contra los infieles, o contra un señor feudal injusto y sanguinario, o contra un dragón, y quien se ve a sí mismo como un moderno adalid de sus ideales, o de sus intereses, a los que defiende en una asamblea, o en una empresa, o como un gigante de los negocios ante los tiburones, financieros de la Bolsa?. ¿Podemos decir, que hay un hombre o una mujer que no aspire a causar admiración en su amada o en su amado mostrándole sus virtudes y su amor?.

Todos hemos sido, somos, y seremos, caballeros a la conquista de un ideal. Es precisamente de ese ideal, que se ha representado por medio del Graal, su búsqueda y conquista, de lo que voy a compartir ahora con todos aquéllos que, como fieles caballeros en la búsqueda de mayor conocimiento, han compartido conmigo alguna de las aventuras espirituales que, en mi senda y en mi investigación particular de la verdad, he tenido el privilegio de vivir.

Tal vez una de las descripciones más bellas que he leído sobre el Graal, en cuanto a arquetipo, es que "el Graal ha venido a ser el emblema de la pureza moral o de la fe triunfante, el heroísmo caballeresco y de la caridad bienhechora; su brillo ha venido ha ser el resplandor de aquella perfección, consumada que es atractivo para los que luchan y recompensa para
los que vencen" y por ello, aprovechando estas páginas, y puesto que mi deseo es compartir con todos aquéllos que lo deseen la belleza bondad que he ido encontrando en mi peregrinaje hacia la Luz Mayor, lo reproduzco para Uds.

Es obvio que no voy a hacer una narración exhaustiva de las leyenda del Santo Graal, pues hay mucha documentación, libros, narraciones, etc., desde el poema titulado: "El cuento del Graal" de Cristian de Troyes, pasando por el "Parsival" de Wolfram von Eschenbash y terminando con la magnífica ópera de Wagner titulada "Parsifal", además de varias películas de relatos caballerescos pero, no obstante, está bien hacer un resumen de esta leyenda o, mejor dicho, este arquetipo.

Según la mayor parte de las narraciones al respecto, con ligeras variantes, el Graal vendría a ser una copa o un plato místico hecho con la esmeralda que estaba en la frente de Lucifer y que se desprendió en la lucha que este sostuvo con el Arcángel Miguel, cayendo a la tierra, donde fue labrada para convertirse en el recipiente sagrado.

Esta copa maravillosa, fue la utilizada por Jesús en la Ultima Cena con sus Apóstoles y es la misma con la que José de Arimatea recogió la sangre que manaba de las heridas del Cristo.

La sagrada reliquia, que en un principio estaba guardada por ángeles, fue confiada en custodia, en el castillo de Montsalvatge a los Caballeros del Santo Graal, cuyo jefe era el rey del Graal. Todos los años, en la fecha del Viernes Santo una paloma bajaba del cielo y depositaba en el Graal una oblea, u hostia consagrada, que renovaba la fuerza y el vigor que confería a sus custodios o a quienes bebían de ella.

Según la leyenda, el rey Arturo instituyó la Orden de los Caballeros de la Tabla Redonda, en la que eran admitidos aquellos que por sus virtudes y valor caballeresco eran dignos de tan insigne honor. Los caballeros se reunían en una sala donde había una mesa redonda, para simbolizar que los que se sentaban allí eran iguales, y no había nadie superior a nadie, pero en la tabla había, por consejo de Merlín el mago, un asiento reservado al Graal.

De entre todos los caballeros de la Tabla Redonda que partieron a la búsqueda y conquista del Graal, sólo uno, el más puro, tan inocente como un niño, el Caballero Parsifal, llegó a poseerlo después de una serie de aventuras entre las que se cuenta la visión del objeto sagrado y una ceremonia maravillosa.

Hasta aquí en síntesis, la leyenda del Graal, que ha dado lugar a tantos relatos, novelas, películas, y fábulas.

El arquetipo del Graal ha sido considerado como un objeto, o como un tesoro escondido que garantizaría a quien lo encontrase múltiples dones tales como la vida eterna, la salud perfecta, o la consecución de riquezas, pero esa es la visión de quienes quieren traducir siempre a cosas materiales aquello que pertenece al mundo del espíritu, y ha dado lugar a historias estrafalarias que, incluso a veces, han servido de base para otras historias más peregrinas aún que, además, pueden producir daño por cuanto pueden tomarse como excusa o como justificación para ciertos comportamientos sociales poco deseables.

Me refiero concretamente a una serie de libros que han difundido la idea que el Santo Graal, por derivación fonética, no era otra cosa que la "Sangre Real" (en el idioma francés "Sang Royal" ) o una familia, descendiente de la estirpe del Rey David, uno de cuyos descendientes fue Jesús que, según esa teoría, se casó con María Magdalena y tuvo hijos, cuyos descendientes conforman la familia de "Sangre Real" o Santo Graal, y que esa familia ha sido elegida por Dios mismo para gobernar el mundo.

Pienso que es excesivamente aventurado creer que Dios ha tomado partido por una familia en concreto, dejando fuera de sus privilegios a todos los otros seres humanos. ¿Qué pasa entonces con los que no son "arios" de "Sangre Real", tales como las personas de raza negra, amarilla, o aborígenes australianos?. Esta teoría, es francamente peligrosa por cuanto da por sentado que dios prefiere a una criaturas, o a una familia, por encima de otras, y abre las puertas a la segregación y a la justificación de grandes atrocidades en nombre de una supuesta superioridad racial consentida por Dios.

Esta teoría es tan ridícula y tan indigna, queme veo en la necesidad de rechazarla públicamente, por si hubiese alguien que ingenuamente, habiendo leído esos libros, haya llegado a considerarla como una posibilidad.

Pero, dejando aparte esa fabulación sobre el Santo Graal que, a lo sumo, sólo sirve para entretener los ratos de ocio de un lector voraz, voy a concentrar mi atención en relatarles una lección magistral que me fue impartido por un "Maestro Desconocido" en una de mis visitas a Valencia, ciudad en cuya catedral, precisamente, se guarda un cáliz, una reliquia, una
copa, a la que se venera, lo mismo que a otras que se encuentran en algunos templos cristianos, como el verdadero "Santo Cáliz", o Graal utilizado en la Ultima Cena por Jesús.

La primera vez que supe del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia fue, precisamente, por una conversación que tuve hace bastantes años con el Maestro al cual he hecho referencia en el capítulo anterior y que me instruyó sobre la proyección en el espacio, el tiempo, y la energía, y que me dijo que cuando visitó Valencia le había impresionado una puerta de la
Catedral, la que se halla junto a la capilla del Santo Cáliz, en la que había una serie de cruces diferentes.

Esto se quedó en mi de tal manera que, cuando yo mismo tuve la oportunidad de viajar a Valencia, visite su catedral, y me entretuve mirando la puerta que he mencionado, recordando el distinto significado de las cruces que hay en ella para, posteriormente, y como una visita más, pasar a la Capilla del Santo Cáliz.

Si he dicho que entré por primera vez en esa Capilla como una visita más, de las que hace cualquier viajero, turista o, simplemente, amante del arte, a un monumento religioso, he dicho la verdad pero, también, y en honor a la verdad, es cierto que desde que entre allí por primera vez fue tal la impresión espiritual que tuve, que para mí, ya siempre, la Capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia forma parte de m patrimonio espiritual, hasta tal punto que, en las muchas visitas que he hecho a esa ciudad nunca, bajo ningún concepto, he dejado de ir a la Capilla para, al menos durante unos minutos, entrar en comunión con lo más profundo de mi ser.

Tal vez no sabría describirla adecuadamente pues, al haberla adornado en mi mente con mis mejores galas espirituales, la veo como un lugar maravilloso, lleno de armonía y altísimas vibraciones espirituales, y solo sabría decir que la Capilla, de regulares dimensiones, está casi siempre en penumbra y solitaria, en un silencio reconfortante y, al fondo, dentro de un nicho en forma de ventana ojival, y siempre iluminada, se encuentra la hornacina donde se guarda el Cáliz que, según se dice, es el Graal. Nadie puede afirmar a ciencia cierta, que ése fue el Cáliz de la Ultima Cena de Jesús y sus apóstoles, pero serias investigaciones arqueológicas afirman que el recipiente propiamente dicho bien podía haber sido, por su edad, estilo, y tipo de piedra con que está hecho, uno de los recipientes empleados en una casa rica de Palestina en el tiempo en el que vivió Jesús y que, tal vez, hubiese sido utilizado en esa época en la celebración de la Pascua judía, pues es un recipiente de gran calidad, del estilo de los que usaban las familias de cierta categoría social en aquella época. Poco se sabe de su historia; la leyenda dice que fue llevada a Roma, no se sabe si por los primeros cristianos, o por los participantes en alguna de las Cruzadas, y que desde allí pasó al monasterio de San Juan de la Peña, que tan relacionado está con la tradición Templaria.

Existen documentos que hablan de la cesión del Santo Cáliz por parte de los monjes de San Juan de la Peña, al rey de Aragón Don Martín el Humano, a cuya muerte fue donado a la Catedral de Valencia.

 

De la misma manera que no he entrado a relatar exhaustivamente la leyenda del Graal, tampoco seguiré con las disquisiciones históricas sobre este Cáliz que se custodia en Valencia, ni trataré de pronunciarme en cuanto a si es o no el recipiente empleado por Jesús para establecer la celebración de la Eucaristía cristiana o si José de Arimatea recogió con él la sangre que manaba de las heridas del Cristo crucificado. Para mí es un símbolo, el de un arquetipo, el de una condición que debe ser conquistada y conservada, dejando todo lo demás como algo totalmente accesorio.

¡Gloria a Dios en la Alturas y Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad!.

¡Paz y bien a todas las criaturas!.